Los Living Labs se han consolidado en los últimos años como una herramienta especialmente valiosa para impulsar proyectos de innovación en salud y en el ámbito sociosanitario. Su principal fortaleza es que permiten diseñar, desarrollar, testar y validar soluciones en contextos reales, incorporando desde el inicio la voz de las personas usuarias, de los profesionales y de otros agentes del ecosistema. Antes de presentar tres experiencias que existen hoy en Navarra, conviene detenerse en qué son exactamente los Living Labs, qué valor aportan y por qué están ganando protagonismo en los procesos de desarrollo de nuevos productos, servicios y modelos de atención.
De forma sintética, un Living Lab puede entenderse como un ecosistema de innovación abierta, centrado en las personas usuarias y basado en la co-creación sistemática en entornos de vida real. Esta idea está muy alineada con la definición impulsada por la red europea ENoLL, que sitúa a los Living Labs como espacios donde la investigación y la innovación se integran en comunidades y contextos reales, con la participación activa de múltiples actores. Frente a enfoques más tradicionales, en los que las soluciones se desarrollan de manera más cerrada y se validan en fases finales, el enfoque Living Lab incorpora desde el principio a quienes van a utilizar, implementar, prescribir o verse afectados por la innovación.

¿Qué valor aportan los Living Labs?
Ese enfoque aporta un valor muy relevante en los proyectos de desarrollo. En primer lugar, ayuda a identificar necesidades reales y no solo supuestas, lo que mejora la pertinencia de las soluciones. En segundo lugar, permite reducir incertidumbre y riesgo, ya que el testeo temprano en condiciones reales facilita detectar barreras de uso, accesibilidad, aceptación o integración antes de que el desarrollo esté cerrado. Además, favorece la adaptación al contexto asistencial, social o comunitario en el que la innovación va a desplegarse, algo especialmente importante en salud, donde la utilidad de una solución depende tanto de su calidad técnica como de su encaje con las personas, los procesos y los entornos de atención. Por todo ello, los Living Labs no son solo espacios de prueba: son herramientas estratégicas para desarrollar mejor, con más evidencia práctica y con mayores posibilidades de adopción e impacto.
Un modelo basado en la colaboración y la experimentación
Entre sus características clave destacan, en primer lugar, la participación activa de las personas usuarias y de otros agentes relevantes, no como observadores, sino como parte del proceso de innovación. A ello se suma la colaboración multiactor, habitualmente bajo esquemas de cuádruple hélice —empresa, administración pública, academia y ciudadanía o sociedad civil— e incluso quíntuple hélice cuando se incorpora también la dimensión ambiental. Otra característica esencial es la experimentación en entornos reales o altamente representativos de la realidad, lo que permite generar aprendizajes más útiles que los obtenidos en contextos exclusivamente controlados. También suele haber un enfoque iterativo, con ciclos sucesivos de ideación, prototipado, validación y mejora, así como una combinación de métodos cualitativos y cuantitativos para comprender mejor la experiencia de uso, medir resultados y orientar decisiones.
Metodologías para desarrollar soluciones más útiles
En cuanto a las metodologías más empleadas, los Living Labs suelen apoyarse en enfoques como el design thinking, el diseño centrado en la persona, la investigación participativa, la co-creación, el prototipado iterativo y el testeo en uso real. En muchos casos, estos procesos se estructuran en fases que van desde la identificación del reto o la necesidad, hasta la ideación de soluciones, el desarrollo de prototipos, la validación con usuarios, la medición de resultados y, cuando procede, el escalado. En salud y en el ámbito sociosanitario es frecuente, además, incorporar análisis éticos, evaluación de riesgos, criterios de accesibilidad, usabilidad y aceptación, así como la medición de impacto en calidad de vida, autonomía, adherencia o eficiencia de procesos.
Experiencias consolidadas en España y Europa
El ámbito de la salud ofrece ya numerosos ejemplos de este enfoque tanto en España como en Europa. En España, pueden encontrarse experiencias vinculadas a innovación en salud y bienestar como las impulsadas por IrsiCaixa en su Living Lab de Salud, centrado en procesos participativos multiactor, o iniciativas como LifeSTech, que articula una red de Living Labs y test beds para apoyar a emprendedores y empresas del sector salud en el diseño, desarrollo y validación de soluciones con usuarios reales. A escala europea, la propia red ENoLL reúne una amplia comunidad de Living Labs certificados en ámbitos como salud, rehabilitación, envejecimiento activo, salud digital o cuidados, y proyectos como VITALISE muestran cómo diferentes infraestructuras de Living Labs en varios países colaboran para facilitar investigación y validación en salud y bienestar. Todo ello refleja que este enfoque está plenamente consolidado como una vía eficaz para conectar innovación, necesidades reales y adopción práctica.
Navarra: tres experiencias para conectar innovación e impacto
Navarra cuenta además con tres living labs plenamente desplegados que muestran cómo este enfoque puede aplicarse desde realidades y especializaciones diferentes, pero con un mismo objetivo: desarrollar soluciones más útiles, más ajustadas a las necesidades y con mayor potencial de impacto. Precisamente por eso, los Living Labs representan una herramienta de enorme valor para los proyectos de desarrollo, tanto para entidades sociales y sanitarias como para empresas, centros tecnológicos y administraciones. Este artículo quiere servir como introducción a tres ejemplos existentes en nuestra comunidad, que presentaremos a continuación en sendos artículos dedicados a cada uno de ellos contados por sus protagonistas.
Laura Corcuera
Gerente de Navarra Health Cluster


