Medical Open World es una asociación sin ánimo de lucro impulsada desde Navarra que trabaja para mejorar la supervivencia de bebés prematuros en entornos con recursos limitados, a través del desarrollo y despliegue de incubadoras neonatales de bajo coste. En línea con su vocación de colaboración e innovación en salud, la entidad se ha incorporado recientemente a Navarra Health Cluster, reforzando su conexión con el ecosistema sanitario navarro.
El proyecto está liderado por Pablo Sánchez Bergasa, fundador y director de la organización, cuya trayectoria ha sido reconocida con el Premio Princesa de Girona Social 2025, otorgado por el impacto social de su iniciativa y su contribución a salvar vidas en el ámbito de la salud global.
Desde Navarra Health Cluster hemos conversado con Pablo Sánchez Bergasa para conocer el origen de Medical Open World, el recorrido del proyecto y los principales retos y próximos pasos para escalar su impacto.
¿Cómo se originó el proyecto?
Medical Open World es una ONG que fabrica incubadoras para bebés para países en desarrollo. El proyecto nació en 2015 al evidenciar la situación de los prematuros en muchos de estos países. Surgió a partir de un grupo de profesores y voluntarios de la Universidad CEU San Pablo, en Madrid, que viajaron a Sierra Leona y comprobaron que en muchos hospitales no había incubadoras. Cuando un prematuro nace con menos de un kilo, el hospital se ve obligado a descartarlo porque no dispone de medios para cuidarlo.
Tras aquella experiencia, propusieron a un alumno de máster crear una incubadora de bajo coste. Él desarrolló un prototipo como trabajo de fin de máster en 2016. Me enteré de la iniciativa unos meses después y empezamos a colaborar para ver cómo podíamos convertirla en una realidad. Trabajamos entonces en construir un producto mínimo viable que pudiera alojar a un bebé de forma segura. Acabé liderando el proyecto y en 2019 fundamos la ONG. En 2020 empezamos a fabricar incubadoras con centros de Formación Profesional Salesianos de toda España y, desde entonces, comenzamos a enviarlas a hospitales.
La primera incubadora, IncuNest, la instalamos en un hospital de Camerún. El primer bebé que estuvo dentro fue el caso más extremo que hemos tenido registrado: pesaba solo 500 gramos, y el equipo médico decidió darle una oportunidad. Fueron pasando los minutos, las horas y los días, y al cabo de seis semanas nos enviaron fotos de Zoé, el bebé que había sobrevivido y al que llamaron “un pequeño milagro”.
Hoy en día contamos con 240 incubadoras en 37 países – principalmente en África, pero también en América Latina y Asia -, y cerca de 5.000 bebés han pasado por nuestras incubadoras. Ahora necesitamos despegar el proyecto para llegar a salvar a los 1,5 millones de bebés prematuros que mueren cada año por falta de acceso a una incubadora disponible.


¿Puedes explicarnos lo que hace diferente a IncuNest?
Las incubadoras comerciales cuestan unos 35.000 euros y deben superar homologaciones muy duras y costosas en Europa. Nosotros queríamos diseñar una versión más sencilla, con las funcionalidades básicas, que fuese una alternativa real frente a no tener nada. IncuNest es una incubadora de código abierto, muy sencilla: calienta, humidifica y cuenta con tratamiento de fototerapia para una enfermedad muy común, la ictericia del recién nacido. En coste de materiales nos cuesta 350 euros y, ahora que estamos creando una estructura más profesional, hemos subido el precio a 1.500 euros para constituir un fondo de apoyo que ayude a las ONG que no tienen dinero a equiparse. Además, también disponemos de incubadoras conectadas por internet, para ofrecer soporte desde aquí ante cualquier duda.
Las incubadoras comerciales son muy complicadas de enviar, y nosotros hemos diseñado las IncuNest para que se puedan transportar en una maleta o en una caja que cabe en una maleta. Viajan desmontadas y, cuando llegan al hospital, se montan “como un Lego”: en 20–25 minutos las tienen listas. Quedan programadas para toda la vida útil, con alrededor de 50.000 horas de operación sin mantenimiento.


¿En qué punto se encuentra actualmente el proyecto y cuáles son los próximos retos?
Por un lado, tenemos una lista de espera bastante grande de incubadoras: hay 240 activas en el mundo y 230 en lista de espera. Tenemos que sacar adelante esta producción y mandarlas a destino. Es el mayor reto de 2026: duplicar en un año lo que hemos logrado en diez años. Poco a poco debemos escalar la producción y encontrar más alianzas con ONG para llegar a más lugares, incluso muy recónditos, y contactar con gente local que conozca el terreno.
Por otro lado, tenemos un reto de financiación muy importante. Para abordarlo, estamos estudiando vías de colaboración con empresas, tanto a través de patrocinios como de acciones de team building. Dentro de poco vamos a lanzar un producto para recaudar más fondos: un juguete que se llamará IncuTwin, una especie de “incubadora gemela”. Estas pequeñas incubadoras de juguete se conectarán por internet a las incubadoras que hay en destino y se iluminarán cuando coloquen a un bebé dentro. Así, ofrecerán una muestra tangible de la colaboración y el compromiso con el proyecto.
En paralelo, en esta etapa también estamos trabajando en aprender y consolidar el proyecto. Yo vengo del sector industrial y, precisamente por eso, he decidido entrar en Navarra Health Cluster: para conocer mejor cómo funciona el sector salud -aunque nuestros destinatarios estén en otro continente-, entender el ecosistema en Europa y encontrar claves para escalar el proyecto con una estructura más sólida. También buscamos reforzar el networking y el contacto con empresas, porque tejer alianzas es fundamental para que la iniciativa sea más escalable, más robusta y funcione mejor.
Otro reto de este año es profesionalizar el proyecto. Lo arrancamos con voluntariado, y estoy muy agradecido por toda la ayuda recibida desde el inicio, pero para que sea escalable necesitamos un equipo de personas trabajando a tiempo completo. La palanca para conseguirlo es sumar empresas. El sistema que tenemos con Salesianos tiene un tope: nuestro objetivo es producir miles de incubadoras al año y, para eso, tendremos que apoyarnos en otras empresas.
A final de 2025, quisiera lograr una financiación de 1,5 millones de euros para desarrollar la ONG y también conseguir las homologaciones europeas, que nos pueden abrir muchas puertas.


